Historias de nazis en el Gran Buenos Aires
No debemos olvidar, claro está, que Villa Ballester esta hermosa localidad del norte bonaerense fue una de las preferidas entre los alemanes que deseaban echar raíces largas y duraderas en Argentina. Pero eso fue mucho antes de que el germen hitlerista se esparciera entre las comunidades germanas establecidas a lo largo y ancho del globo.
Nota importante: La aclaración surge del comentario de un joven vecino de Ballester que aportó datos importantes. “¿Fue mi vecino responsable del exterminio de judíos?” dijo el joven, algo confundido.
Ser un ciudadano alemán radicado en Argentina durante la década de los treinta era equivalente, en la gran mayoría de los casos, a pertenecer a cualquiera de las múltiples y heterogéneas organizaciones nazis, o penetradas por los nazis, que existían en el país. Es más, era casi una cuestión de ser o no ser. Y me viene ahora a la memoria el episodio de un pobre sastre alemán radicado en Lanús, quien osó desafiar al partido nazi local. El feroz boicot al que fue sometido, y que casi lo dejó sin clientela, lo obligó a enlistarse a toda velocidad en la pequeña célula del partido de la vecina localidad de Gerli. De inmediato comenzó a lloverle trabajo nuevamente.
Con esto quiero demostrar que si un alemán era nazi o pronazi en los años treinta y cuarenta en Villa Ballester, no era algo que salía mucho de lo común. Estoy seguro de que muchos hasta fingían ser nazis para no ser discriminados dentro de la comunidad. Y esto nada tenía que ver con ser un criminal o algo parecido. ¿Puede endilgarse a esa gente comulgar con discursos antisemitas, discriminar judíos empleados en empresas locales, intentar educar a los niños según la doctrina nacionalsocialista y defender un régimen totalitario? Por supuesto que sí, pero nada más que eso. ¿Algún otro fue espía o escondió a un marino fugado del Graf Spee? También. Pero no mucho más. Así que no alimentemos las fantasías colectivas.
Los nazis que vinieron después de la guerra son de otra historia. Aquí vamos a hablar de nazis radicados en Ballester desde antes de la Segunda Guerra Mundial
Los nazis que vinieron después de la guerra son de otra historia. Aquí vamos a hablar de nazis radicados en Ballester desde antes de la Segunda Guerra Mundial
Pasemos ahora a lo bueno:
El callejón de los nazis
Esta pequeña historia nació con la sorprendente revelación de Jerónimo, vecino de la calle Lafayette, a quien agradezco el haber compartido su pequeño secreto conmigo. El muchacho conoció hace tiempo a un viejo vecino, quien a su vez había comprado con anterioridad una casa ubicada en un enorme lote sobre Lafayette, casi llegando a la esquina de Aristóbulo del Valle.
El vecino de Jerónimo tenía una buena historia para contar. Al parecer, el hombre había comprado la casa a un precio irresistiblemente bajo; el dueño original tenía interés en vender con premura la propiedad y radicarse en Córdoba. El comprador de la casa siempre supo que el dueño original era un nazi, así estaba sindicado en el viejo Ballester, como tantos otros. Perdida la guerra y caídos algunos camaradas en desgracia, el hombre tenía apuro por largarse. La sorpresa llegó un par de años después. Hurgando en el viejo sótano, el nuevo dueño halló una inesperada sorpresa: descubrió una red de pasadizos y escondites, también una pared falsa con una habitación detrás; desde allí nacía un pasadizo que conducía a un túnel, que a su vez llevaba hasta donde ahora es la casa de Jerónimo...
El vecino de Jerónimo tenía una buena historia para contar. Al parecer, el hombre había comprado la casa a un precio irresistiblemente bajo; el dueño original tenía interés en vender con premura la propiedad y radicarse en Córdoba. El comprador de la casa siempre supo que el dueño original era un nazi, así estaba sindicado en el viejo Ballester, como tantos otros. Perdida la guerra y caídos algunos camaradas en desgracia, el hombre tenía apuro por largarse. La sorpresa llegó un par de años después. Hurgando en el viejo sótano, el nuevo dueño halló una inesperada sorpresa: descubrió una red de pasadizos y escondites, también una pared falsa con una habitación detrás; desde allí nacía un pasadizo que conducía a un túnel, que a su vez llevaba hasta donde ahora es la casa de Jerónimo...
Lafayette 371 (vieja numeración) era la casa de Paul Wellmann, miembro del partido nazi (número 3.758.529) desde el 1 de noviembre de 1936, nacido en Stadtoldendorff el 15 de junio de 1879. Y si algo he aprendido durante estos años de investigación, es que no es extraño que los nazis en Argentina enterraran algunas cosas. Más allá de que el mito popular decía ya en esos años que ocultaban armas, en realidad escondían material de propagandas, panfletos y las listas de los camaradas del partido.
No debe haber sido muy difícil para Wellmann el diseñar su extraño búnker subterráneo, ya que, según los registros del Frente Alemán del Trabajo, se trataba de un experimentado técnico en construcciones; en otras palabras, un albañil.
Pero la calle Lafayette da para mucho más en materia de viejos nazis. Lamento ahora decepcionar a los vecinos de la localidad que creían que las fotos de los actos nazis de los años treinta (ver la primera fotografía pequeña que acompaña este artículo), publicados en mi post anterior, fueron tomadas en el actual local de la Coral Alemana de Villa Ballester, ubicado hoy frente a la plaza Mitre. Si efectivamente se trató del local de la Coral, cosa que es bastante posible, estoy en condiciones de afirmar que, para los años en cuestión, dicha organización se hallaba en la esquina de Lafayette y Rivadavia (actual Agüer). Entiendo que ese edificio, a cargo de un tal Federico Pudlich, según los registros centrales del partido nazi, ya no existe. Pudlich vivía en Libertad 55, San Andrés, y era Volkdeutsche, nacido en argentina. De todas maneras, el hombre pertenecía al Frente Alemán del Trabajo, luego Unión Alemana de Gremios. La primera asamblea general del Coro Masculino Alemán se realizó allí el 14 de enero de 1926. Según pude averiguar, de ella participaron catorce coreutas que eligieron a su primera comisión directiva bajo la presidencia del mismo Pudlich. Entre los años 37 y el 38 lo reemplazó Franz Höll, alemán y también miembro de Frente, calle Mitre 740; luego volvió al ruedo Pudlich. Herbert Wagner era otro hombre que figuró como dirigente del coro de hombres.
Pero la esquina de Lafayette y Rivadavia tiene más para contar, mucho más.
Acción Argentina fue una organización creada en 1940 con el objetivo de promover el ingreso de Argentina a la Segunda Guerra Mundial del lado de los Aliados. Fue disuelta por el gobierno militar de Ramírez en 1943. Un par de años antes, se dedicó a promover denuncias en contra de elementos nazis que operaban en diferentes localidades. Por ejemplo, en 1941 denunciaron, ante la Comisión Investigadora de las Actividades Antiargentinas de la Cámara de Diputados, al bar que estaba ubicado en la misma esquina de Lafayette y Rivadavia. El viejo edificio, con estrada por ambas calles, todavía existe. La denuncia decía textualmente: “Bar: situado en la calle Lafayette y Rivadavia. También posee cancha de bolos y continuamente amplían su local. Posiblemente, en este negocio, la concurrencia sea más netamente nazi, asistiendo muy pocos argentinos. Decían que en este bar trabajó un marinero (seguramente prófugo) del Graf Spee.” La historia del bar, de dueños alemanes, que ya de por sí parecía bastante verosímil, fue corroborada por un vecino que creció a treinta metros de esa esquina, y quien también recordó a la almacén de los Trapp, que se ubicaba juste enfrente. “Zum Deutschen Eck” (a la esquina del alemán), se leía en grandes letras justo encima de la ochava del bar. Emil Veit era su dueño, mejor conocido por don Emilio. Y vaya si esa esquina era totalmente alemana en todas las direcciones posibles...
Para agregar algo más sobre los marinos del Spee, el 26 de noviembre de 1942, la Policía Bonaerense realizó un allanamiento en la calle San Luis 356, Villa Ballester. Allí, justo al lado de la casa de Otto Franke, a quien al final del trabajo nos referiremos, al parecer se escondían dos prófugos de la tripulación del acorazado: Otto Rackebrand (Musikmaat de la III- Unteroffiziere, es decir miembro de la orquesta del barco) y Georg Schwalbe (Matrosenobergefreiter de la I División). Tal vez alguno de ellos era el que trabajaba para don Emilio Veit.
![]() |


Comentarios
Publicar un comentario